TODOS CON LA GOMERA #incendiolagomera
por Isidoro Sánchez García el 16/08/2012 a las 03:40 horas
Isidoro Sánchez García
Primero
fue El Hierro con el volcán y ahora La Gomera con el fuego. Desde hace
mucho tiempo sabemos que esta última es una de las islas más bellas del
mundo, y así lo afirman los geógrafos expertos en la materia. La Gomera
está situada en el grupo de islas occidentales del archipiélago canario,
en la región biogeográfica de la Macaronesia, islas afortunadas en
palabras del botánico británico Philip Webb, en el hemisferio norte, al
noroeste del continente africano, en pleno océano Atlántico.
Desde
el siglo XV La Gomera adquirió vocación americanista por cuanto
desempeñó un papel importante en la logística de los viajes del
almirante Cristóbal Colón cuando se empeñó en encontrar América. De
manera especial en aquel 6 de septiembre de 1492 cuando salió rumbo a
las Indias. Luego sería el ingeniero italiano Leonardo Torriani quien
se sorprendiera en el siglo XVI de la calidad de la naturaleza gomera.
Le llamó mucho la atención la fertilidad de las tierras, de las aguas y
de la vegetación que miraban al norte. Siglo más tarde, la que fuera
Premio Cervantes en el año 1992, la cubana universal Dulce María Loynaz,
casada con un periodista canario, escribió en su novela de viajes a
Canarias que La Gomera era una isla dormida de volcanes, amansada, que
estaba cubierta por una tupida colcha de manto vegetal. Se refería a la
laurisilva, esa selva mítica que embelesó a poetas y pintores, a
botánicos y zoólogos. Ese monte que el pueblo gomero ha protegido a lo
largo de su historia.
Por
la misma época, escritores nacidos en La Gomera como Pedro García
Cabrera, de Vallehermoso, y como el padre José Trujillo, natural de
Agulo, fueron capaces de contar la historia de su isla natal en verso y
en prosa. Otro gomero como el canario cubano de Agulo, José Aguilar,
ensalzó las bellezas y las virtudes de la fiesta agulense de San Juan en
alguno de sus cuadros. Pintó murales en la basílica de Candelaria, en
el Cabildo de Tenerife, y en el casino de la capital tinerfeña.
Sobresaliente a la hora de recoger para la posteridad al liberal
sacerdote gomero Don Antonio Ruiz de Padrón, diputado doceañista que con
su discurso político consiguió derrocar la Inquisición española en las
Cortes de Cádiz, en 1812. Un europeo que apostó por La Gomera, el
austríaco Guido Kolischter, fue capaz también de dejar plasmada la
belleza de la naturaleza gomera y en particular del bosque de Garajonay.
Hoy
tenemos que estar unidos todos con la isla, con la gente de San
Sebastián y de Alajeró, de Hermigua y Agulo, pero sobre todo con los
vecinos de Vallehermoso y de Valle Gran Rey. Son los que han sufrido en
sus carnes los impactos del fuego pero ya están sacudiéndose, ya están
volviendo a la normalidad. Por eso todos queremos ayudarles y como hay
que ser positivos tenemos que comenzar con un Plan de Recuperación
Turística de La Gomera. Habrá que aunar de nuevo Naturaleza y Cultura,
con Garajonay y el Silbo como banderas, con la dimensión americana de la
isla. Tenemos que convivir de nuevo con su naturaleza y su historia, y
con la cultura de un pueblo, a pesar del fuego. Para ello contamos con
una música ancestral que viene de las chácaras y tambores, y con el
Silbo como lenguaje singular. Por todas estas consideraciones Todos con la Gomera.