#NOALCERTIFICADODERESIDENCIA
por Ana Oramas el 12/09/2012 a las 03:39 horas
Ana Oramas
Desde el pasado sábado, 1 de septiembre, se han
vuelto a repetir escenas que no veíamos desde hace casi 20 años por la
obstinación del Ministerio de Fomento en obligarnos a viajar con el
certificado de residente y nuestra documentación. Un empeño anacrónico e
inadmisible en plena era digital de un Gobierno que humilla con esta
decisión a canarios, baleares y residentes en Ceuta y Melilla.
Lo intentamos hasta el último minuto, pero no hubo manera. El
Ministerio se negó a oír a quienes le exigíamos que antes de aplicar
esta medida buscase soluciones telemáticas alternativas para verificar
la residencia del usuario sin tener que recurrir al caduco certificado y
que se mantuviese el DNI como documento acreditativo.
Diputados y senadores de ambos archipiélagos tratamos
infructuosamente de que la ministra de Fomento entendiese que su empeño
nos retrotraía casi dos décadas y suponía un claro perjuicio a todos los
ciudadanos y, especialmente, a aquellos que deben desplazarse con
regularidad para recibir atención médica o aquellos estudiantes que se
trasladan a otra Isla o a la Península para cursar sus estudios.
Pese a sus buenas palabras y comprensión, el Ministerio de Fomento no
dio marcha atrás y, a partir del 1 de septiembre, debemos viajar con
nuestro certificado de residencia. Durante el mes de agosto, y ante la
premura con la que entra en vigor esta medida, en muchos ayuntamientos
se han vivido escenas de colas kilométricas y esperas de casi una hora
para retirar el certificado. Y todo por el empeño unilateral del
Ministerio de generar un problema antes de poner remedio para evitar
este absurdo.
El Gobierno ha justificado el rescate del certificado argumentando
que quiere evitar que se sigan registrando usos fraudulentos del mismo,
sembrando dudas sobre los ciudadanos de ambos archipiélagos y las
ciudades autónomas, sin que hasta ahora conozcamos datos oficiales sobre
las estadísticas que maneja Fomento sobre su utilización indebida.
Paradójicamente, esta humillación ha prosperado con el apoyo de los
diputados y senadores canarios del Partido Popular, que cerraron filas
con el Gobierno sin que ninguno de ellos expresase públicamente su
oposición a un nuevo desatino de un Ejecutivo que ha demostrado
desconocer la realidad insular.
Una periodista canaria se preguntaba en Twitter si el Gobierno se
hubiese atrevido a adoptar una medida de este tipo en Cataluña o
Euskadi. Lo dudo. Ambos territorios no hubiesen aceptado, como no lo
hacemos en Canarias y Baleares, un tropelía que nos obliga a certificar
nuestra residencia cada vez que acudamos a un mostrador de facturación o
a una puerta de embarque.
Es tercermundista que el Gobierno incluya esta medida en su paquete
de actuaciones para superar la prolongada crisis económica que sufrimos.
Más que un incentivo es un obstáculo más para unos ciudadanos que en la
inmensa mayoría de los casos no viaja por placer sino por causas
laborales, académicas, sanitarias, etcétera. La medida ha entrado en
vigor, pero seguiremos insistiendo en el Congreso y el Senado para
exigir al Gobierno que ponga fin cuanto antes a este abuso y degradación
a un derecho que nos corresponde y que podemos certificar con el DNI
sin tener que viajar con un papel que lo acredite.
La preocupación que ahora se plantea es qué sucederá con los canarios
que se encuentran en la Península y creen que pueden viajar sin el
certificado por haber comprado el billete con anterioridad. ¿Se les
impedirá viajar o se les cobrará la diferencia para poder embarcar? Ya
veremos.